Rearmonizando por primera vez

Amigos de Armonía Contemporánea es un placer estar nuevamente con ustedes compartiendo el maravilloso mundo de la música.

En esta ocasión veremos otras formas de armonizar una melodía, y lo haremos en base a nuevas herramientas, específicamente usaremos la técnica de rearmonización.

En qué consiste una rearmonización? Pues bien, antes que nada debemos comprender el concepto de armonización.

Armonizar, en simples palabras, significa acompañar una melodía a través de acordes pertenecientes a la misma tonalidad en que se encuentra dicha melodía, de modo que cada acorde sirva de sustento armónico para las distintas notas melódicas. En este punto hay que hacer una pequeña aclaración:
Existen diferentes maneras de composición, en algunos casos el compositor crea una melodía y luego la armoniza, paso a paso. Otras veces el compositor crea un campo armónico mediante grupos de acordes, a los cuales les agrega una melodía posteriormente. Algunos compositores componen ambas cosas al mismo tiempo o utilizan otras técnicas de composición, con lo cual podemos decir que existen tantos métodos de composición como compositores. Sin embargo, hay algo que subyace en todo método de composición tonal, algo que hace que tanto melodía como acordes conformen un todo, y lo más importante, que suenen bien en conjunto.

Eso que subyace en toda obra tonal se reduce a una simple palabra: armonía.

Pero acaso no hablábamos recién de melodías y armonías como cosas separadas? Sí, pero solo como conceptos, pues melodía y armonía forman parte de una misma entidad, ahora veremos por qué.

Cómo es posible que melodía y armonía puedan entenderse como una sola entidad?

Para responder esto simplemente debes recordar el siguiente concepto:

Cada nota melódica que “suena bien” al ser acompañada por uno o más acordes es efectiva porque forma parte de ese o esos acordes. Es decir que esa nota ya está presente en el acorde que la acompaña, o forma parte de la escala de la cual deriva dicho acorde.

Para hacerlo más gráfico tomemos un ejemplo simple:

 

En este fragmento musical en Sol mayor, el primer acorde es el primer grado de la tonalidad, es decir, Gmaj7 (cifrado como Gmaj9). Sobre dicho acorde se encuentra la primera nota melódica en figura de blanca con punto, en este caso la nota Si.
Como sabemos, la nota Si es la 3ra mayor del acorde Gmaj7, y ya está presente en dicho acorde. Esto significa que ésta nota melódica sonará en consonancia con el acorde Gmaj7, en otras palabras sonará “bien”.
Si continuamos, el tercer compás del ejemplo nos muestra un nuevo acorde, Cmaj7 (cifrado como C6/9), el cuarto grado de la tonalidad de Sol mayor. Sobre este acorde ahora aparece una nueva nota melódica, también en figura de blanca con punto, que es la nota Re.
Qué ocurre ahora? La nota melódica en este nuevo compás ya no está presente en el acorde que la acompaña (no te preocupes por encontrar otra nota Re en la mano izquierda, pues ese Re es solo una extensión del acorde Cmaj7, el cual  posee sólo las notas do – mi – sol – si como notas principales). Pese a esto, la nota Re de la melodía aún suena consonante sobre el acorde Cmaj7, y esto se debe a que Re, si bien no forma parte del acorde Cmaj7, sí está presente en su escala, pues se encuentra dentro de la tonalidad de Sol mayor (la escala de Sol mayor tiene las notas sol la si do re mi fa# sol).

Esto significa que cualquier nota melódica dentro de Sol mayor sonará bien si se acompaña con cualquier acorde de la misma tonalidad? Pues si, pero no siempre.

Veamos un ejemplo en el cual a pesar de que nuestra nota melódica y nuestro acorde forman parte de la misma tonalidad, no suenan en consonancia, dicho rápido y sin vueltas, suenan mal.

Si en el primer compás de nuestro ejemplo anterior la nota melódica fuese un Do, existiría un conflicto con la nota Si del acorde Gmaj7, y pese a que comparten la misma tonalidad, no podrían convivir en consonancia.
Esto se debe principalmente a que la distancia interválica que hay entre la nota Si y la nota Do es una 9na menor, y este intervalo es simplemente el intervalo más disonante de todos. Es por esta razón que no es común encontrar notas melódicas que se encuentren una 9na menor (o su equivalente en octavas más altas) por encima de una de las notas del acorde que acompaña dicha melodía. Pese a esto, los intervalos de 9na menor son usados generalmente sobre acordes dominantes. Estos acordes poseen un tritono (3 tonos) entre su 3ra mayor y su 7ma menor, con lo cual logran un carácter fuerte, el cual “absorbe” la disonancia creada por una 9na menor. Veamos un ejemplo claro de lo que acabamos de decir.

 

Volviendo a nuestro tema principal, y ahora que tenemos más claro el concepto de armonización, podemos abordar más claramente lo que nos interesa: la rearmonización.

Antes que nada, en qué consiste rearmonizar?

Pues simplemente se trata de colocar nuevos acordes a un fragmento musical u obra completa manteniendo su melodía original. Estos nuevos acordes pueden reemplazar las funciones de los acordes originales, o simplemente dar un nuevo carácter a una melodía que ya conocemos, pero ante todo, deben sonar bien.

Con esto llegamos nuevamente a un punto clave en la técnica de rearmonización:

Para que nuestras rearmonizaciones sean efectivas es aconsejable aplicarlas sobre melodías reconocibles por el público. Esto hará que quienes escuchen dicha rearmonización sientan que están escuchando algo que ya conocen, pero con un nuevo carácter, con un nuevo color armónico. Y esto se debe principalmente a que hemos mantenido la melodía original y solo cambiamos sus armonías. Por esta razón es importante pensar que cada armonía cumple la función de un ropaje con el cual “vestimos” a nuestra melodía. De las misma manera en que las personas usamos distinta ropa según la ocasión o nuestro estado de ánimo, podemos “vestir” nuestras melodías a gusto personal.

Qué debemos tener en cuenta al rearmonizar? Pues los mismos conceptos que al armonizar, es decir:

Más allá de que coloquemos nuevos acordes a la melodía original, cada nota melódica debe seguir siendo parte del nuevo acorde o de su escala correspondiente, sin importar si usamos acordes que estén fuera de la tonalidad original de la obra.
Al momento de elegir nuevos acordes podemos optar por cambiar la función de acordes ya existentes en la misma tonalidad (por ejemplo transformar un acorde Cmaj7 en C7), o más interesante aún, podemos utilizar acordes que se encuentren fuera de la tonalidad original.

Veamos ahora un ejemplo simple de rearmonización:

 

Como vemos, a pesar de haber colocado nuevos acordes, la melodía continúa siendo parte de la escala de dichos acordes, y pese a que estos nuevos acordes no pertenecen a la tonalidad original, podemos estar seguros de que existe consonancia entre ellos y la melodía. Otra razón por la cual estos acordes son efectivos es porque no hay intervalos de 9na menor entre sus notas y las notas melódicas.

Una de las ventajas de la rearmonización es poder hacer que una misma nota melódica se transforme en una nota más interesante mediante un cambio de acorde. Por dar un ejemplo, una nota melódica que originalmente es la 5ta justa, puede transformarse en un 9na mayor gracias al cambio del acorde que la acompaña.

Un último punto importante a tener en cuenta en el proceso de rearmonización es el de lograr que nuestra nueva progresión armónica se mueva de manera fluida, o al menos de forma coherente. Para ello podemos intentar mover nuestros acordes por grados conjuntos, de manera cromática, o incluso a través de círculos de quintas.

Ahora nada mejor que ver y escuchar todo esto que venimos hablando con un simple ejemplo musical:

Llegó el momento de poner en práctica estos nuevos conceptos y crear nuestras propias rearmonizaciones en melodías simples y conocidas por el público.

Será hasta el próximo encuentro!

 

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2 comentarios:

  1. Buen aporte. Gracias.

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